miércoles, 16 de marzo de 2011

FISIOCRACIA


La fisiocracia, cuyas raíces griegas significan norma o ley de la naturaleza, refleja en sus ideas la estructura económica de Francia a mediados del siglo XVIII. Dicho país tenía una economía predominantemente agrícola, con propiedad de la tierra generalmente señorial y la conducción de la agricultura era ya de tipo capitalista, con una bien definida clase de arrendatarios capitalistas en las provincias septentrionales, mientas que era aún de tipo campesino en las provincias meridionales. Las actividades manufactureras y comerciales de la ciudad eran muy raramente de tipo capitalista, siendo dominantes en ellas las formas artesanales.
Su principal teórico François Quesnay sostenía que considerados en su conjunto todos los miembros de la sociedad, se alcanza la máxima satisfacción de sus necesidades cuando se permite, en condiciones de competencia perfecta, que cada cual actúe libremente según su propio interés individual.
Para los fisiócratas ese orden natural se basaba en un elemento de naturaleza económica, es decir, en la transformación general de los productos en mercancías. Cuando los hombres están integrados socialmente por el intercambio de mercancías, es cuando se consigue el orden más ventajoso para ellos.
Los fisiócratas desplazaron el centro de interés de la economía desde la adquisición hacia la producción de riquezas, dando por sentado que el hombre podía incidir significativamente sobre el ritmo y la orientación de las riquezas generadas por la Madre Tierra. En la época de Quesnay la agricultura aparecía como el campo más propicio para la persecución de aquel objetivo, pues en ella se generaba un excedente de productos después de reponer los medios necesarios para su obtención. Por eso, los fisiócratas la consideraban como la actividad productiva por excelencia.
De esta manera, los fisiócratas desarrollaron una concepción particular del proceso económico y de la producción: consideraron la producción en un sentido estrictamente físico.
El concepto central de la escuela fisiocrática es el de excedente o producto neto, que es aquella parte de la riqueza producida que excede a la riqueza que ha sido consumida en el proceso de producción. Como el producto de la tierra es considerado en su aspecto físico, y como la agricultura es la única actividad que genera excedente, este se puede valorar como la diferencia entre dos magnitudes físicas y esto explica que una teoría del valor esté ausente en el pensamiento fisiocrático. Por ultimo, el producto neto o excedente es apropiado por la clase propietaria.
La manera como los fisiócratas definen el origen del producto neto, permite una distinción del carácter de las actividades económicas: en relación con el comercio y la manufactura se afirma que el comercio no es sino un intercambio de valor por valor igual y estrictamente hablando, es estéril.  
Por su parte, en las manufacturas el valor de mercado de estas mercancías solo alcanza para reponer los costos de los medios de producción usados y para cubrir el salario del trabajador, sin dejar ningún excedente bajo la forma de beneficio del capital. Desde tal punto de vista, la manufactura seria entonces un a actividad estéril. La única actividad productiva, desde la óptica del excedente, es entonces la agricultura.
Los fisiócratas califican las clases sociales, bajo el criterio de la participación en actividades productivas o estériles. La sociedad está dividida en tres clases: la clase productivas, constituida por todos aquellos arrendatarios capitalistas y asalariados que desarrollen su actividad en el ámbito de la agricultura; la clase estéril, constituida por todos aquellos que ejercen su actividad al margen de la agricultura; y la clase de los propietarios de tierras, que no desarrolla ninguna actividad económica y que posee el derecho a la precepción de la renta, esto es, de todo el producto neto.
Hay dos recomendaciones de política que se derivan de los postulados fisiócratas: las  rentas para el sostenimiento del Estado deben provenir de las rentas de los propietarios de las tierras, no de los beneficios del capital invertido en la agricultura. Cobrar impuestos  a actividad productiva pondría en peligro la reproducción de la riqueza social, mientras que un impuesto único a los terratenientes reduciría el consumo de manufacturas de lujo que estas hacían, y permitiría impulsar el desarrollo agrícola. La segunda recomendación se refiere al libre cambio: se debe eliminar toda restricción que obstaculice el comercio, particularmente de granos, y toda restricción a la libertad de los individuos para dedicare a lo que consideren mas conveniente.
La libertad comercial permitiría conseguir un mejor precio para los bienes agrícolas exportados y haría mas rentable la inversión de capital en la agricultura.

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